El retraso en el tratamiento del cáncer incrementa la posibilidad de muerte

Paciente con cáncer en tratamiento

Un retraso de cuatro semanas en el tratamiento de pacientes con cáncer incrementa entre 6% y 13% la posibilidad de muerte. Con retrasos más extensos este porcentaje también se incrementa y los índices de supervivencia se reducen. Esta es una de las principales conclusiones de la investigación publicada por la revista internacional The BMJ denominada: “Mortalidad por retraso en el tratamiento del cáncer: revisión sistemática y meta-análisis”.   

Investigadores de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, el King’s College de Londres y la Universidad de Queen, Canadá, analizaron la asociación entre el retraso del tratamiento y el aumento de la mortalidad en los estudios de más de 1,2 millones de pacientes, obtenidos entre enero de 2000 y abril de 2020. La revisión incluyó 34 estudios para 17 indicaciones, de los cuales, en 13 se evidenció un aumento significativo de la mortalidad.

Esta revisión sistemática consideró siete tipos principales de cáncer (vejiga, mama, colon, recto, pulmón, cuello uterino y cabeza y cuello) y tres modalidades de tratamiento (cirugía, tratamiento sistémico y radioterapia).

En el caso de la cirugía, esto supone un aumento del 6-8% en el riesgo de muerte por cada retraso de cuatro semanas. Este impacto es aún más marcado para algunas indicaciones de radioterapia y sistémicas, con un aumento del 9% y un 13% en el riesgo de muerte para la radioterapia definitiva de cabeza y cuello y el tratamiento sistémico adyuvante para el cáncer colorrectal, respectivamente. 

El retraso del tratamiento se definió como el tiempo transcurrido desde el diagnóstico hasta el primer tratamiento (cirugía definitiva o radiación) y desde el momento de la cirugía hasta el tratamiento por indicaciones adyuvantes (quimioterapia o radiación después de la cirugía). 

Evidencia en el Cáncer de Mama

La investigación mostró que un retraso de ocho semanas en la cirugía de cáncer de mama aumentaría el riesgo de muerte en un 17% y un retraso de 12 semanas aumentaría el riesgo en un 26%. 

Además, un retraso en el tratamiento quirúrgico de 12 semanas para todas las pacientes con cáncer de mama durante un año provocaría 1400 muertes en exceso en el Reino Unido, 6100 en Estados Unidos, 700 en Canadá y 500 en Australia, suponiendo que la cirugía sea el primer tratamiento en el 83%, y la mortalidad sin demora sea del 12%. 

Los investigadores señalan que, desde un nivel sistémico, el incremento en la supervivencia podría lograrse si se prioriza los esfuerzos para minimizar el tiempo, de semanas a días, desde el diagnóstico de cáncer hasta el inicio del tratamiento.

La OMS ratifica la importancia de la atención oportuna

La investigación publicada por THE BMJ va de la mano con lo que señala la Organización Mundial de la Salud, OMS, al mencionar que cuando la atención oncológica se retrasa o es inaccesible, hay una menor probabilidad de supervivencia, mayores problemas asociados con tratamiento y mayores costos de atención.

“El diagnóstico precoz mejora los resultados del cáncer al proporcionar atención en la etapa más temprana posible y, por lo tanto, es una estrategia importante de salud pública en todos los entornos”, explica en un comunicado.

En este sentido también se destaca la importancia de la imagenología, con exámenes como rayos X, tomografía computarizada (CT) y resonancia magnética (RM), para tomar decisiones clínicas en lo que respecta al tratamiento y el seguimiento de pacientes oncológicos. A estos se suma el PET-CT, que se ha convertido en una herramienta indispensable en la oncología moderna, permitiendo una visualización detallada y precisa de las áreas afectadas por cáncer.

¿Cómo ayuda el PET-CT en la reducción del índice de mortalidad?

El PET-CT tiene la capacidad para detectar actividad metabólica anormal antes de que se manifiesten cambios estructurales, esto es crucial para la intervención temprana.

Una de sus principales ventajas es la capacidad de detectar tumores en etapas tempranas, antes de que sean visibles en otras pruebas de imagen. Esta detección temprana permite iniciar el tratamiento más pronto, aumentando las posibilidades de curación y supervivencia. Además, el PET-CT combina imágenes metabólicas y anatómicas, proporcionando detalles precisos sobre la localización y extensión del cáncer. Esto permite a los médicos planificar tratamientos más efectivos y personalizados, optimizando los resultados terapéuticos.

Otra ventaja crucial del PET-CT es su capacidad para monitorear cómo está respondiendo un tumor al tratamiento, como la quimioterapia o la radioterapia. Esto permite ajustar los tratamientos en tiempo real, mejorando la efectividad y reduciendo los efectos secundarios. También ayuda a determinar si un tumor es maligno o benigno, evitando procedimientos quirúrgicos innecesarios y reduciendo el riesgo y las complicaciones asociadas con cirugías no esenciales.

El PET-CT mejora la precisión en la planificación del tratamiento radioterápico, asegurando que la radioterapia se dirija específicamente a las áreas afectadas. Esto minimiza el daño a los tejidos sanos y mejora la eficacia del tratamiento. Además, puede identificar la reaparición del cáncer de manera temprana, permitiendo intervenir rápidamente con tratamientos adicionales y mejorando las posibilidades de controlar el cáncer recurrente.

En conjunto, estas ventajas del PET-CT contribuyen a una mejora significativa en el manejo del cáncer, lo que se traduce en una reducción del índice de muerte por esta enfermedad. Al proporcionar diagnósticos más tempranos, tratamientos más efectivos y un mejor seguimiento de los pacientes, el PET-CT se convierte en una herramienta esencial en la lucha contra el cáncer, salvando vidas y mejorando la calidad de vida de los pacientes.

 

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